CAPÍTULO CUARENTA Y NUEVE: APRENDÍ DE MI EREOR
Ethan.
Hacía mucho tiempo que no me sentía así: feliz, con todas las letras de la palabra.
No podía creer que mi bonita, mi mujer de ojos marrones, estuviera de vuelta. Y justo aquí la vine a encontrar: en casa de mi amigo Matthew, siendo la niñera de sus hijos y empleada de su esposa. El mundo es tan grande que, a veces, se reduce cuando menos lo esperamos. Los hilos se mueven a veces en nuestra contra, como un aprendizaje que nos da golpes —unos