Mundo ficciónIniciar sesiónMoscú recibió a Diego Cortés con nieve negra, cielo de plomo y la certeza de que había entrado en territorio donde las reglas que conocía no aplicaban.
El jet privado tocó tierra en una pista de aterrizaje que no aparecía en ningún mapa oficial, rodeada de abetos siberinos que se alzaban como centinelas silenciosos bajo la tormenta. Diego bajó primero, sus zapatos italianos hundiéndose en la nieve compacta mientras e







