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Dimitri Jr. no bajó el arma, pero tampoco disparó, porque hombre que mata rehén pierde palanca, y él era demasiado inteligente para ese error.

El cañón de la Makarov seguía apuntando a la sien de Hermann Jr., pero la presión había disminuido lo suficiente como para que el niño dejara de sollozar. Valentina permanecía congelada a tres metros de distancia, cada músculo de su cuerpo tenso como alambre a pu

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