HERIDAS PERFECTAS. CAPITULO 29. Una nota
HERIDAS PERFECTAS. CAPITULO 29. Una nota
El sol apenas comenzaba a iluminar el departamento cuando Mera abrió los ojos. Con una mueca de incomodidad, se llevó una mano a la cabeza, recordando la cantidad de copas que había bebido el día anterior. La cabeza se le estaba rompiendo por la resaca, y encima había dormido toda incomoda con el maldito vestido de novia puesto y el corsé apretado y… hasta los zapatos…
Miró alrededor con los ojos entrecerrados porque la claridad le molestaba y bufó al da