Kendal se quedó sentado en aquella cama por más de treinta minutos. Su mente y su cuerpo se habían acostumbrado a las reglas de Dante.
¿Qué se supone que debía hacer, ahora que su mente se había acostumbrado a la sumisión?
Logró reaccionar, caer en su m*****a realidad y supo lo que debía hacer, aún si con la mente enferma no quería hacerlo. Debía escapar, escapar en sí, de los buenos tratos, de un hogar, y de Dante.
Y fingiendo demencia, él sabía que no lo quería.
Se puso de pie y estaba