4
Juliano
Empecé por su cuello, donde ya tenían unas marcas rojas, con mis labios la besé y sentí que su cuerpecito se estremecía ante mi acto.
Me metí en medio de sus piernas ahora besando sus labios, disfrutando de la voluptuosidad de nuestro momento. Ella se lanzó contra mí como un gatito astuto que quería afecto, mi toque le prendió fuego, esto estaba claro. Era como si todos los problemas que me rodeaban, que no eran pocos, no existieran.
Cuando lo llené por segunda vez, ella contrajo