53. ¡Pagame!
Edgar estaba nervioso a un punto inimaginable, quería que la tierra se lo tragara en ese instante, a su cerebro se le estaba dificultando mucho encontrar alguna escusa, aunque por obra de magia se le ocurrió una.
— No sería bueno que entraras, en ese espacio cerrado podrías contagiarte.
La escusa era tonta pero hasta cierto punto creíble, Dayana empezó a suavizar su gesto y levantó una ceja, bajó la mirada a su mano entre la de Edgar y empezó a sacudirla para deshacerse de su agarre el tenía l