Gina era la más eufórica cuando llegamos a Roma. -¡¡¡Conocerán a mis padres!!!-, no dejaba de chillar, saltando y lanzando sus pelos al aire, apenas bajamos del avión. Mucha gente estaba apiñada detrás de las mamparas y me sorprendía que hubieran tantísimos periodistas.
-La diva del tennis è arrivata per giocare gli Open di Roma-, decían frenéticos los reporteros, dándose empellones, hablando a gritos, pugnando por tomarme fotos y hacerme videos.
Gina me había enseñado a decir algunas cosas