Ashley me anunció que teníamos en cartera tres torneos internacionales antes de ir al Open de Estados Unidos.
-Iremos a Lisboa, El Cairo y Roma-, me dijo, revisando su tablet. Su casita era simpática y acogedora, muy amplia.
-¿Dónde está Gina?-, le pregunté mirando sus cuadros artísticos, los jarrones elegantes y el enorme plato de Wimbledon que Ashley había colgado al medio de dos estantes con todos sus otros trofeos y medallas que había ganado en su carrera tenística. Allí también estaban