La primera vez que almorcé con las hermanas de Marcial, lo hice sumida en el terror. -Ellas me ven como una enemiga-, le advertí cuando íbamos en su carro. Me había puesto un vestido corto, zapatos oscuros y me solté el pelo. Quería impresionarlas porque a las dos las veía, también, como un dique entre mi enamorado y yo.
-No seas tonta, ellas te adoran-, disfrutaba Marcial de un chupetín.
Yo ya conocía la casa, je. La había espiado, en uno de mis ataques de celos, y sabía de sus perros. Ape