Estuve, sin mentirles, cinco días llorando. No fui a entrenar ni le mandé mensajes a Ashley. Nada. Simplemente lloraba todas las horas, tumbada en mis almohadas, dolida, sumida en el dolor, angustiada, arruinada, incluso y me sentía muy miserable.
Heather llegó a mi casa, tocó el timbre, incluso pateó la puerta, pero no le abrí, no quería que me vieran ni nada. Seguí llorando sin contenerme, sintiéndome la mujer más desafortunada del mundo.
Tanto había anhelado estar con Marcial, que él me de