El salsódromo estaba bastante concurrido. El personal de seguridad y las anfitrionas recibieron efusivamente a Marcial. Lo conocían. Las chicas le daban besos en la mejilla, le acariciaban y enredaban sus dedos en sus pelos y eso me hacía sentir furiosa y celosa a la vez. No me gustaban las miraditas de ellas, Parecían mujeres vampiros rodeando a su víctima, listas para hundir sus colmillos en el cuello de mi amor platónico. El fuego me incendiaba. Él les bromeó y me llevó de la mano por el hal