No era fácil descansar en la finca de los Ferreti. En total había nueve pequeñines que iban y venían por la casa, se peleaban, reían, gritaban, daban tumbos y tiraban jarrones y platos. Los perros ladraban mucho persiguiendo a los chiquitines y el papá de Gina se alucinaba un gran inventor. Hacía carros de madera que no se movían, cocinas de tablas y carbón que no encendían y el hermano piloto de carros de carrera, contaba hasta con tres automóviles que gustaba oírlos rugir, afinándolos a toda