La final fue contra la serbia Jovana Sivanic. Ella me esperaba en la cancha seria, alta, fuerte y muy confiada. Imagino que me había estudiado mucho. Yo coqueteaba con los periodistas. Les meneaba la cabeza, mordía mi lengua y abanicaba mis ojos con mis largas pestañas. Meneaba la faldita y me sentía mágica y encantada, súper sensual.
Jovana tenía un drive poderoso y efectivo y era su mejor arma. Me complicó el partido desde el comienzo y buscó siempre, que me acercara a la red para atacarme