Al llegar a Londres podía sentir algo de nostalgia, habíamos regresado de una luna de miel encantadora. Y a pesar de que hubo algunos problemas, Mathew y yo logramos solucionarlas con madurez.
Cuando salimos del jet podemos ver que el guardaespaldas de Mathew y el mío, que ahora era Michael, nos estaban esperando. Cada uno de los hombres nos esperaban enfrente de dos diferentes autos. Yo camine extrañada hacía en donde se encontraba Michael, mientras que Mathew hizo lo mismo, pero con su guarda