El Arte de las Sombras
El aire en el patio, ahora un santuario de sudor y disciplina, vibraba con la intensidad de nuestros entrenamientos. Mis movimientos, antes torpes y vacilantes, comenzaban a adquirir una fluidez que me sorprendía. Bajo la tutela de Conan, no solo perfeccionaba los golpes y las esquivas, sino que mi mente se afilaba, convirtiéndome en una estratega capaz de anticipar no solo el movimiento de un oponente en combate, sino también las intrigas de la corte. Mi habilidad para ob