Montserrat
La verdad no hacía falta unos kilómetros como le había dicho a Alberto pues llegamos prácticamente después de casi tres horas, tanto así que tuve que pedirle a Alberto que condujera durante una hora porque ya estaba bastante cansada, él solo rodeaba los ojos alegando que así los hacía yo cuando algo me molestaba y la verdad sí lo recuerdo cada vez que me encontraba con Alberto en los pasillos o en el elevador, yo lo único que hacía era rodar mis ojos, pues él me causaba tanto fastid