Callista no entendió ni nada de lo que Andrew quería decir, y con una sonrisa de oreja a oreja, se le colgó del cuello, emocionada:
—¡Esto lo hace aún más emocionante, Andrew! Nosotros… ¡Ay! ¿Pero qué estás haciendo?
Su frase se cortó en seco cuando Andrew, ya sin aguantar más, le arrancó el vestido de dormir de un jalón.
Ni se inmutó por sus gritos, simplemente la tiró al suelo y ni siquiera la volteó a ver.
Los empleados, que solo estaban ahí para hacer su trabajo y cobrar, salieron disparados