Si Martín descubriera lo que estoy pensando en este momento, definitivamente se arrepentiría de haberse preocupado tanto por mí. Es mejor que aclare las cosas antes de que saque conclusiones equivocadas.
—No es nada, Martín. Nadie me hizo llorar. Si tienes que culpar a algo… culpa a la comida—. Me limpio las lágrimas de la cara y los labios, mirando lo que queda en mi plato. —No creo que quiera comer más. Me retiraré a la cama primero.
—Espera—. Martín me agarra del brazo y me empuja de vuelta