“Olvidemos lo que ya sucedió, pues puede lamentarse, pero no rehacerse”
Tito Livio
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La oficina se quedó en silencio por varios minutos, mi jefe fue incapaz de decir una palabra, se quedó ahí, detrás de su escritorio con las manos puestas en la madera, con la mirada asustada y petrificado, ni siquiera se podía saber si seguía respirando porque tampoco parpadeaba, solo faltaba que se desmayará igual que yo, pero eso no sucedió.
De pronto se movió y abrió su boca donde es probable que estuviera