Después del beso de Alessandro en mi oficina, interrumpidos por Rick, no lo volví a ver el resto de la semana. Los días fueron una locura; él y Patricio estaban en un sinfín de reuniones fuera de la oficina con clientes nuevos y antiguos.
Comenzó otra semana, como siempre, con un ramo de tulipanes y una tarjeta. Me lo había prometido hacía tiempo: un arreglo de tulipanes cada semana, y hasta ahora, nunca había fallado, al igual que las tartas de chocolate que dejaba en mi escritorio a la hora