Capítulo 65. El anillo de la sentencia.
Dentro, descansaba un anillo que cortaba la respiración. Un diamante solitario de corte esmeralda, de al menos cinco quilates, montado en platino puro. Era una roca. Era obsceno. Era una declaración de poder financiero tan brutal que parecía un insulto. Brillaba con una luz fría y perfecta.
—Dame la mano —ordenó Arthur.
—No me voy a poner eso —susurró Camila, escondiendo las manos detrás de la espalda—. Es ridículo. Es... es demasiado grande.
—Es del tamaño de mi cuenta bancaria —dijo Arthur co