Después de que se fueran, acosté a mi hijo y volví a la sala para hablar un rato con mis padres.
—¿Por qué no nos dijiste que tenías problemas allí, hija? —preguntó mi padre enseguida.
—Porque no quería preocuparlos y porque tengo un amigo que es mi ángel de la guarda y me ayudó a encontrar otro trabajo igual de bueno. —respondí con sinceridad.
—Alessandro dijo que ahora trabajas para su amigo, pero que volverás a trabajar con él. —dijo mi padre.
—Aún no lo he decidido. Ya veremos. —dije.
—Cat,