Otra semana comenzó y pasó rapidísimo. Alessandro no se mudó realmente, siguió enviando mensajes, flores, meriendas. Lo que cambió fue que cada noche me llamaba y charlábamos un poco. Me había contado que, después de todo lo que le había contado la Sra. Margarida, la auditoría avanzaba más rápido y que trabajaban todas las noches unas horas en casa de Patrício. Pero no me había contado lo que la Sra. Margarida le había dicho, solo que ella sabía mucho, pero que nunca le había dado importancia.