Cuando entramos en su apartamento, Alessandro se detuvo detrás de mí, me sujetó por la cintura con una mano y con la otra me apartó el pelo, hablándome mientras me besaba justo donde Levy me había besado.
—Nadie, absolutamente nadie más que yo volverá a tocarte, Catarina. Eres mía, solo mía. Puede que incluso estés molesta, dolida, enfadada, pero eres mía. Y hoy besaré cada centímetro de piel de ese delicioso cuerpecito tuyo para que lo recuerdes y para borrar cualquier maldita sensación que es