“Alessandro”
¡Qué resaca! Odiaba la resaca, por eso no bebía a menudo, y mucho menos tanto como ayer con los chicos. ¡Rayos! Me va a estallar la cabeza.
Anoche, cada uno tenía su razón para beber hasta desmayarse. Así que nos juntamos y nos emborrachamos como universitarios en una residencia. Pero ahora quería morirme para no tener ese dolor de cabeza.
Patricio entró en mi oficina apoyado por Mari. Lo sentó a mi lado en el sofá y la camarera, la señora Margarida, entró detrás con una bandeja. N