Junqueira empujaba a Alessandro hacia la oficina y las lágrimas corrían por mi cara. Tan pronto como salieron de la habitación, el pomo de la puerta se movió levemente y entró Matías, haciéndonos una señal para que guardáramos silencio.
- Señora, perdóneme. – Matías habló suavemente. – No sé cómo entró, pero lo averiguaremos. Por favor, suban las escaleras en silencio, sin hacer ruido y cuiden a los niños. Mis hombres te protegerán. La policía ya está en camino.
- Alessandro, Matías. Él va a ma