—A Leah le acaba de pasar eso… —silenció en la línea—. ¡Ya es mujer! No sé qué hacer, no sé si ella sabe qué hacer. ¡No tengo toallas! ¿Cuáles debo comprar? ¿Nana tendrá?
— ¿Eres idiota? Claro que no, en ese caso tendrá pañales —bramó refunfuñando—. Te diré algo de todo corazón y es que la dejes vivir. Tu no solo te encerraste en ti cuando cambió nuestras vidas, tu obligaste a Leah a vivir una vida que no pidió. Deja que vaya a un colegio, detente con las clases en casa, detente con prohibirle