Me sentía tan bien protegida y cómoda en esos brazos que en el momento en que las autoridades hicieron acto de presencia, no me separé ni un centímetro de su cuerpo. Amaro era mi resistencia, esa fuerza que había perdido y por más que la buscara no la encontraba en lo más profundo de mí. Me apoyé de él por temor a caer, pero más porque una parte de mí me decía que él no me dejaría ir.
Escuchaba sus voces mientras hablaban y tomaban la declaración de los pocos vecinos que se dieron cuenta de lo