Capítulo veintiocho.

¡Maldita sea mi cabeza revienta! Juro no volver a ingerir alcohol en mi vid…

¿Dónde demonios estoy? ¡mierda, en casa de Martha, ahora lo recuerdo! Me comporté como un idiota y ella… no quería, pero no le hice caso, la obligué ¡soy un idiota! Merezco que no me dirija la palabra de nuevo.

Salgo de la cama y veo mi cuerpo desnudo en el espejo de cuerpo entero en la habitación y busco alrededor mi ropa interior y por supuesto la bata color rosa con encajes y

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