Capítulo treinta.

¡Esa mujer es una loca! Me dan ganas de azotarle ese precioso trasero, pero voy a subir a comérmela a besos por celosa y grosera. Sirvo el vino que dejó y Savannah se acerca mas de lo debido con brazos de pulpo. La aparto disimuladamente y tomo dos copas con líquido rosado y delicioso encaminándome a la alcoba, mis glándulas salivales comienzan a trabajar desde que pienso en su cuerpo desnudo y hermoso. Abro la puerta y la veo moverse, me deleito con su silueta a media luz y aunque se que est

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