Capítulo treinta y seis.

Solloza y se remueve entre mis brazos, lo que me hace deshacer un poco el agarre, sin embargo la mantengo pegada a mi pecho para que sienta mi piel y que estoy aquí para ella sin reservas aunque eso sea peligros incluso para mí. Me aparto un poco al sentir que se remueve nuevamente incómoda, levanta la cara y veo su piel mojada por las lágrimas y me siento un terrible ser. Articula un “perdóname por favor” y eso es todo lo que necesito para caer

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