El destino, nos alcanza...
— Oh si, no encontraba el baño y le pregunté— dijo él.
— Querido, tú siempre tan perdido, los baños están de este lado— dijo Simone indicando dónde, con su mano.
— Sí, qué vergüenza, ya la empleada me indicó— dijo él.
— Por lo menos te mejoró el humor— dijo ella.
— Si, voy al baño— dijo Arnold saliendo hacia el lugar.
Eliza se quitó de inmediato de la línea visual de su madre, no podía arriesgarse, después de sentirse a salvo, abrió su mano y vió que su padre le había dejado una muy jugosa