Perspectiva de Dominic
El eco de la puerta cerrándose tras mi madre aún vibraba en el aire viciado del comedor. Cloe me soltó la corbata, pero no se alejó. Estaba de pie frente a mí, respirando entrecortadamente, con las mejillas encendidas y los ojos miel dilatados por una mezcla de rabia contenida y un deseo que la estaba consumiendo. Debajo del mantel, mi mano seguía húmeda, un recordatorio táctil de la tortura que le había infligido durante toda la cena.
—Eres un animal, Dominic —siseó ella,