Perspectiva de Cloe
El centro de Milán bullía con la elegancia habitual de la tarde, pero dentro del coche de los Russo, el aire era tan escaso que me costaba respirar. Michelle había decidido que necesitaba renovar mi guardarropa para la próxima gala de la empresa, y Dominic, en un alarde de masoquismo o vigilancia, decidió unirse a nosotros. Estábamos los tres en la exclusiva boutique de Via Montenapoleone, un santuario de mármol y espejos donde cada prenda costaba más que la vida de una pers