Perspectiva de Cloe
El sol de la mañana se filtraba con una crueldad innecesaria a través de los grandes ventanales de la cabaña, cortando la penumbra que nos había protegido durante la noche. Me desperté con el cuerpo pesado, con una sensación de hormigueo en cada centímetro de mi piel que me recordaba, sin piedad, todo lo que había permitido que ocurriera sobre aquel sofá y bajo aquellas sábanas. El olor de Dominic —esa mezcla de colonia cara, tabaco y el rastro del sexo rudo de la madrugada—