Perspectiva de Cloe
La tarde en Isola di Serecchia era un cuadro pintado con colores imposibles. El sol empezaba a bajar, bañando el viñedo en tonos ámbar y púrpura. Desde el porche de la casa, donde me había sentado a observar, la escena parecía sacada de una realidad alternativa.
Ahí estaban ellos. Dominic, el hombre que yo había enterrado dos veces en mi mente, el hombre cuya voz solía ser mi fantasma favorito, estaba jugando a las atrapadas con Alessia.
Alessia corría como un pequeño torbel