El silencio en la suite del hospital solo era interrumpido por el golpeteo rítmico de los dedos de Michelle sobre la pantalla de su teléfono. Estaba sentado al pie de la cama, con la pierna cruzada, respondiendo correos electrónicos como si estuviéramos en su oficina y no en una habitación de urgencias. Dominic, por el contrario, seguía siendo una sombra vigilante junto a la ventana, observando a su hermano con un desprecio que ya no se esforzaba en ocultar.
—Michelle, ¿podrías dejar eso un mom