Mundo ficciónIniciar sesiónRoma
Abro los ojos, pero los cierro al instante al sentir como me duelen por la luz que entra de los gigantescos ventanales.
«¿Como no se me ocurrió cerrar las cortinas cuando me acosté?»
-no te muevas- me gruñe mi tormenta a mi lado aplastándome.
-no puedo dormir con la luz- le digo con voz ronca y aclaro mi voz.
Su calor es reconfortante y en quedaría así por horas, pero primero necesito cerrar las malditas cortinas.
-







