Cuando Zeke presionó la cabeza hinchada de su gran polla contra mi pequeño y apretado culo, mi cuerpo tembló por él.
—Zeke... —Suplique. Pero como en la mayoría de los casos, no sabía por qué.
—¿Confías en mí, princesa? —Pregunto de nuevo.
Trague con dificultad el nudo en mi garganta y asentí.
—Entonces abre ese pequeño trasero para mí, nena. Déjame mostrarte lo bien que puedo hacerte sentir. Mantendremos intacta tu virginidad esta noche, pero igual te voy a follar como te lo mereces. Todavía v