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Jane contuvo la respiración una vez que su boca soltó la respuesta que Damiano quería escuchar. El mafioso dejó reposar su frente contra el hombro derecho de la monja, sin dejar de ocultar una enorme sonrisa que ahora estallaba en sus labios. Sus manos viajaron delicadamente hacia las caderas de la religiosa, asustándola en el acto, la castaña jamás había tenido en su vida este tipo de contacto, pero ahora lo recibiría cada vez que el italiano quisiese y no habría nada en este mundo que pudie