El plan era bueno, había que reconocerlo, muy al estilo de Estefanía, arriesgado, improvisado, sin refuerzos y sin una salida alternativa. Dependía por completo de que la información suministrada por Rubén fuera cierta, porque si no lo era, estaba llamado a fracasar.
Con un suspiro, Emily se detuvo frente a la puerta del apartamento de Dafne que, para suerte de la supuesta novia celosa, no contaba con un celador que le hubiera restringido la entrada, o avisado a la residente sobre la llegada d