El silencio se ha apoderado de la habitación, y el ambiente puede palparse de lo tenso que está. El rostro de la asiática se ha blanqueado algunos tonos luego de escucharme. Yo estoy absolutamente quieta, no me he atrevido a mover un solo músculo del cuerpo, y mis ojos no se han separado de dónde Mei se encuentra sentada en la cama.
Ha abierto y cerrado la boca en varias ocasiones sin lograr que una sola palabra salga por sus labios. Y no es para menos, puedo entender que esto no es algo fácil