La carcajada histérica de Eloísa estremeció el tímpano derecho de Emma, su mano empuñó con fuerza el celular, hasta hacerlo temblar.
—¿Creías que no iba a hacer nada? —cuestionó Eloísa—. ¿Creías que iba a permitir que me quitaras a mi esposo? —Volvió a carcajear con fuerza—. Ay, Emma, tú siempre has sido tan… ingenua, desde pequeña siempre lo has sido, por más que intentes ser mala, nunca podrás serlo. —Un silencio atrapó la llamada—. Oliver siempre fue mío, pero, como dejó de servirme, pues tu