SASCHA (8)

Al amparo de la noche las horas se hacían eternas, el palacio estaba en absoluto silencio y bajo las sabanas de seda blanca el cuerpo de Sascha temblaba presa de la fiebre. Llevaba días así, empeorando y mejorando de manera alternativa cada dos o tres horas. Su temperatura corporal pasaba cerca de la hipotermia por las mañanas, a la febrícula al mediodía y a una verdadera fiebre hacia el ocaso. Sascha estaba consciente de l

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