Una semana después me encuentro en casa.
Ya estamos empezando el fin de semana y eh de decir que lo agradezco, está semana fue horrible. No por los correos y papeles que necesitaba el señor Müller, si no porque, mis benditos nervios salían a flor de piel cada vez que nos encontrábamos solos
Mi estómago se revolvia y mis manos empezaban a temblar, tartamudeaba cada vez que tenía que hablarle y las chicas y chicos del trabajo me miraban confundido. Muchas intentaron sacarme información pero no