Luca volvió a casa con Mireya después de salir del hospital. Ella no podía ocultar su alegría, se sentía triunfadora, creyendo que había logrado su objetivo.
—No hay nada que puedas hacer para obligarme a abandonar esta casa —dijo Mireya con firmeza, mientras le lanzaba una mirada desafiante a Luca. Luego, le hizo un guiño y se acercó al padre de Luca que ingresaba a la sala —¡Luciano! ¡Luciano! — gritó, tratando de llamar la atención de su suegro, Luca la observó con furia e impotencia.
—¿Qué