“¡ah!”, se escuchó el suave gemido de Helena causado por el dolor de perder su castidad, escuchando esto, Erwin no fue rudo con ella, empujaba y retrocedía con delicadeza, mientras la besaba para calmarla.
Helena envolvió sus manos alrededor del cuello de Erwin, mientras que sus piernas envolvieron las suyas empezando a sentir placer con cada movimiento y cada vez más.
Esa noche, todos en esta familia durmieron contentos, relajados y tranquilamente, ya que la nueva casa, cama, sabanas, en si pa