Se levantó en un brinco. —¡Marti! —gritó, pero fue ignorada y al mismo tiempo los guardaespaldas se miran confundidos, excepto uno que sabía perfectamente de qué hablaba su jefe, sintiendo sus piernas temblar, tenía conocimiento de que este hombre no se andaba por las ramas, trago grueso y escuchó a su jefe decir:
—Los que no saben de qué rayos hablo, den un paso atrás —suelta y el hombre había quedado inmovil en el lugar.
—Jefe, ella me sedujo, de verdad siento mucho… —dijo pero Martín levant