Ella no te dejará en paz.
—Eres un desvergonzado —murmuró apenas audible.
—No, no lo soy, estoy diciendo la verdad —se acercó a ella e intentó quitarle el acolchado. —Si quieres saberlo, ese día fue el mejor día de mi vida —murmuró cerca de su oído, haciendo temblar a la niña que enseguida cerró sus ojos con fuerza. Al ver que no dijo nada le hizo cosquillas obligándola a salir, Mey, sin poderse contener soltó una carcajada.
—¡Ya basta! —exclamó entre risas, al verla le pareció la mujer má